Una contraseña obtenida en una invitación privada. 10 dólares para el recepcionista de un hotel recatado que me llevó a una habitación, donde pagué 50 dólares más. Parejas y tríos conversando, siempre con una mujer, mientras disfrutan un gintonic para desinhibir un poco la libido.

Una conversación sobre un tema mundano me ayuda a mitigar el nerviosismo inicial. Todos están bien vestidos: tacos y medias de fantasía, buen maquillaje. Tienen entre 35 y 40, bien casados por los anillos en el anular. Sin mucho pudor porque ya se empiezan a desnudar y otros buscan algo más de intimidad en uno de los cuartos con pestillo.

Me sirvo el primer trago y sigo mirando. Se me acerca Ana, la que me invitó, y me mencionó que hay dos reglas: nadie te puede tocar si no quieres y no está permitida la homosexualidad. Me pareció interesante, principalmente porque había como 10 personas en un jacuzzi.

Seguí voyereando. Todo muy discreto, alegre. Me dijeron que las habitaciones tenían ambientes. Di una vuelta. Reconocí una sala sadomasoquista, otra con espejos y una sin nada de luz, me explicaron que ahí no sabes con quién practicas sexo. Curioso. Parece un mundo donde vas a experimentar o darle dinamismo a tu matrimonio, pero el esposo de Ana me dice que sólo funciona si el matrimonio está muy bien, sino se rompe por la pérdida de confianza. Indagué un poco más y me fui porque era el único que aún estaba con ropa en la fiesta.

Swin-duras

En uno de mis viajes a Honduras volví a escuchar la palabra swinger. Había pasado tiempo desde mi visita vouyer propiciada por mi amiga Ana para que viese cómo era el ambiente swinger en Chile.

Estaba en un bar de playa y discretamente me giré para ver quiénes hablaban del tema. Era una pareja de solteros jóvenes, un poco borrachos. Les ofrecí un trago y hablamos. Me dicen que van a una fiesta swinger. Confieso creer que sólo era para matrimonios, pero se ríen y me dicen que ahí va de todo. Me sonó más a una orgía, así que deseché la invitación amablemente y me fui al hotel.

No podía ser tan diferente. Del glamour de una fiesta privada a una borrachera de sexo. El swinger tenía reglas y parámetros muy claros: ser casado, ir con tu esposa a la fiesta y mantener una mentalidad abierta, pero respetuosa; incluso había escuchado que, en las fiestas, cuando alguien llegaba con quien no era su esposa, lo corrían y dejaban de invitar. Pero esos jóvenes me rompieron el esquema. Me puse a investigar.

No conozco a nadie en Honduras que practique esto, pero Ana me había dicho que los primeros contactos siempre se hacen por internet, así que me puse a navegar.

Encontré rápidamente este correo swingershonduras@gmail.com, pero lo primero que me llamó la atención es que aparecía en una página de anuncios clasificados de San Pedro Sula; lo segundo fue que en las respuestas al anuncio se ofrecían bisexuales que no cobraban, parejas que son “limpias y sanas” y otro que la tenía de “18 centímetros” para hacer tríos.

Sólo una respuesta, de unos tales “Johana y Álex”, de Siguatepeque, parecía corresponder a swingers, pues indicaban que estaban casados y tenían 33 años. Les escribí, pero no me contestaron, los llamé, pero tampoco contestaron, así que no pude aclarar mis dudas de cómo eran los swingers hondureños y seguí buscando.

Luego me topé con algunos sitios web. El primero era www.swingershonduras.com. Es un sitio de pago que te recomienda, básicamente, emborrachar a tu pareja para ver si se le sueltan las trenzas con otra pareja que conoces en el sitio. La página está ubicada en Florida, Estados Unidos, por lo que asumo no es hondureña, y cobra de suscripción 84 dólares al año o 5 dólares por una prueba de 5 días. Navegué por las funciones gratuitas, pero la mayoría de fotos eran de penes o vaginas, acompañadas de un nombre de fantasía y el clásico texto de “te haré llorar de placer”. Una pérdida de tiempo.

Después llegué a http://honduras.pasionliberal.com/, ingresé a la parte de buscar contactos y seleccioné Honduras. No había necesidad de registrarse, así que podía navegar libremente, pero al indagar me doy cuenta que es un sitio para promoción de transexuales y de hombres y mujeres trabajadoras del sexo. Otra pérdida de tiempo.

Tras otro rato de búsqueda encontré el blog “Felices Todos”, un espacio donde, más que swingers, son parejas que muestran fotos de sus esposas, y de ellos, solicitando el tipo de fantasía que quieren desde todo Latinoamérica. Acá el relato hondureño, pero esto tampoco era swinger.

Swin-social

No encontré más páginas, pero ya dudaba si en Honduras realmente existían los swingers o solamente personas que buscaban experiencias sexuales novedosas, porque de parejas con parejas nada todavía.

Me fui a las redes sociales. Ahí encontré el sitio www.facebook.com/swingercatrachos, pero no había nada de información y sólo estaba un post de una mujer en cueros. Parece más página de burdel. Otra página similar ya había sido eliminada. Más pérdida de tiempo.

Ya al borde de darme por vencido, encontré el sitio www.faceswinger.com, donde tras un registro riguroso, pude encontrar un listado de parejas hondureñas buscando parejas hondureñas. Los registros de inicio de sesión eran de menos de una semana, lo que reflejaba que el sitio era activo. Había perfiles con y sin fotos, lo que ayudaba a la decisión de las parejas, que parten desde los 30 años, pero tras indagar, nuevamente no encontré a ninguna pareja seria en Honduras y sólo ofertas de sexo de pago.

Fiasco swingers

Me aburrí. Tras seguir indagando, me comenzaron a invadir páginas XXX cuando buscaba por más swingers en Honduras. Los únicos que parecían serios, Johana y Álex, les escribí hasta por whastapp para que me contaran su experiencia, pero inmediatamente sacaron su foto de perfil donde aparecía una linda mujer de unos 30 años.

Tras leer la prensa nacional y otras historias en blogs, me di cuenta que los swingers en Honduras realmente son confundidos por parejas que buscan cumplir sus fantasías eróticas, estar con otro hombre o mujer adicional principalmente.

El universo swinger, ese de sofisticación que vi en Chile, donde el primer contacto es internet y luego la discrecionalidad es la regla, está lejos de llegar a Honduras, donde por lo que investigué todo pasa por el cumplimiento de las fantasías sexuales.

El participar en orgías baratas, llenas de alcohol y quizás drogas, donde se intercambian la pareja del momento, obviamente no es ser swinger. Ya había entendido que son matrimonios los que participan con otros matrimonios, pero en Honduras eso está lejos de llegar, pues incluso leí comentarios tipo “ni la mujer ni las pistolas se comparten”, algo muy propio de la idiosincrasia local.

Las noticias de los medios sobre los swingers, también carecen de originalidad y veracidad sobre esta tendencia moderna, por lo que mi percepción última es que los swingers en Honduras aún no han llegado o se manejan todavía en espacios íntimos muy reservados que van de boca a boca.