La jornada laboral de 500,000 hondureños comienza cuando encienden sus motocicletas, un medio de transporte con una mortalidad 40% mayor a la de los automóviles. Zigzagueando por el lento tráfico de Honduras, los motociclistas se ahorran tiempo y combustible, dos factores importantes en una economía deprimida.  

En Tegucigalpa circulan cerca de 158,000 motocicletas y en San Pedro Sula alrededor de 70,000, existiendo en el país un registro de 503,099 motocicletas que provocan una ensordecedora sinfonía, que se suma a los 35 millones de motos que circulan en Latinoamérica.

Anualmente, en Honduras aumenta la venta de este medio de transporte en un 10%, principalmente porque es una alternativa mucho más económica que comprarse un vehículo en un país con índices de pobreza que superan el 60%. Sin embargo, los riesgos que implica este crecimiento aún no son abordados por el país, según la investigación “La motocicleta en América Latina: Caracterización de su uso e impactos en la movilidad en cinco ciudades de la Región” (2015).

La investigación revela que la mortalidad es la característica más negativa del uso de motocicletas, seguido de los accidentes provocados por su conducción imprudente, lo que es motivado por la falta de formación vial y la baja cultura, ya que muchos de los conductores hondureños tienen sus motos hace menos de 6 años.

En el país mueren en promedio 21 conductores de motos al mes y en 2015 se involucraron en 2,478 accidentes de tránsito, es decir, participaron en el 60% del total de accidentes en el país. Según el Director de la Dirección Nacional de Tránsito, esto se debe porque “rebasan por la izquierda, no hacen los altos, utilizan las aceras y el choque desigual hacen que sean los más dañados”.

Motocicletas: una necesidad

Entre los factores que influyen en el incremento de motociclistas se encuentra el aumento del ingreso per cápita, el bajo costo de adquisición, la baja calidad del transporte público y la importancia de la motocicleta como fuente de trabajo y movilidad confiable.

Siendo principalmente utilizada por hombres jóvenes de ingresos medios y bajos, su aumento de uso también responde al factor tiempo, ya que el desplazamiento del hogar al trabajo en Tegucigalpa y San Pedro Sula puede tardar entre 60 y 90 minutos en un carro.

Además, si se considera que la canasta básica se lleva el 70% de un salario mínimo, ingreso bajo el cual se encuentra la mayoría de familias en Honduras, la compra de motocicletas de China e India a precios módicos, suponen un ahorro familiar considerable, ya que en una moto suele trasladarse todo el núcleo familiar (madre, padre e hijos) al mismo tiempo.

Otra facilidad de acceso a motocicletas, es que se venden hasta en las tiendas comerciales, lo que permite pagarlas en cuotas muy bajas, siendo el promedio de pago de 5 años por un bien que oscila entre 14 y 20 mil lempiras, en su mayoría.

A nivel centroamericano, Guatemala vende al año entre 140,000 y 150,000 motos; en Costa Rica se venden alrededor de 80,000; en Nicaragua el promedio es de 55,000 y en El Salvador se vende una media de 30,000 unidades anuales.

Delincuencia y sicariato

El aumento del sicariato en motocicleta provocó que en Honduras se modificara la Ley de Tránsito con el Decreto 91-2012, que prohíbe que dos hombres mayores de 12 años circulen en una misma motocicleta, lo que no aplica si va un hombre y una mujer, como tampoco en zonas rurales.

Asimismo, en las zonas urbanas son el medio preferido para cometer asaltos debido a la facilidad que ofrecen para escapar, lo que es una constante en toda Latinoamérica.

Recomendaciones de mejora

Pese a las consecuencias que plantean las motocicletas, la investigación sostiene que los países deben desarrollar planes estratégicos de seguridad vial para motocicletas, mejorar la capacitación y formación de conductores, entender el impacto que las políticas de licenciamiento puedan tener en mejorar la seguridad vial y contemplar una reglamentación especial para conductores novatos de motocicleta, que imponga restricciones que se reducen gradualmente con la experiencia de manejo.

Asimismo, recomienda que se debe desarrollar y fortalecer la capacidad de vigilancia y control de normas de seguridad vial, incluyendo estándares de cascos, capacitación de conducción, tolerancia cero en consumo de alcohol y características de la motocicleta; entender los impactos de diseños viales sobre la seguridad de usuarios de motocicletas y desarrollar manuales de diseño y mantenimiento de vías seguras para todos los usuarios; y trabajar en reducir la brecha entre la percepción de seguridad de las motocicletas de sus usuarios y la realidad de su inseguridad.

“Los retos y las posibilidades asociados con el crecimiento acelerado de la adquisición y uso de la motocicleta requieren de acciones consensuadas entre usuarios, no usuarios, reguladores, y la sociedad”.

“Estas acciones deben contemplar las muchas dimensiones que explican este crecimiento, y buscar resolver las principales consecuencias negativas relacionadas. En especial, la importancia crítica de tener que atender con urgencia las externalidades negativas del uso de motocicleta y, en particular, el grave problema de seguridad vial que genera su uso actualmente”.